Lo que pierden los clientes

22/02/12 - Noticia Fondos de inversión y Sociedades

El discurso de lo inevitable en la economía en general y en la banca en particular está produciendo una ocultación de todas las importantes consecuencias negativas que va a tener la suma de la primera y segunda reestructuraciones bancarias en España. Estos efectos perniciosos de las sucesivas reordenaciones de la banca ya tienen, entre otros, una víctima inocente: los clientes.

Lo que pierden los clientes

El modelo bancario español (bancos y cajas) podía presumir ante el mundo, de tener una de las redes mas tupidas de sucursales del mundo, una por cada 1.000 habitantes. Al mismo tiempo España y su red bancaria proporcionaban a los usuarios españoles la segunda mayor red de cajeros automáticos del mundo, solo por detrás de Canadá, que en algún momento cercano alcanzo un parque de 60.000 unidades en todo el territorio nacional.

Los beneficios del modelo bancario español han sido hasta el momento muy claras: el fracaso de la entrada de las grandes redes bancarias extranjeras, un servicio bancario más barato y competitivo que el europeo para los clientes particulares y un alto nivel tecnológico en la prestación de los servicios bancarios.

A partir de la entrada en vigor en 1986 de la LORCA, el modelo español estuvo basado en el criterio de proximidad al cliente, ubicando sucursales bancarias que trataban de o establecer con los usuarios una relación a largo plazo basada en el uso de la marca y su corolario la confianza. Este modelo lo coronaban las Cajas de Ahorro con una actividad muy enraizada en sus territorios de origen a través de la Obra social y la participación en las industrias locales, que en numerosas ocasiones han evitando la deslocalización industrial.

Las sucesivas reordenaciones del sistema español de bancos y cajas de ahorro no plantean otra cosa que el cierre de sucursales y la creación de enormes entidades de crédito. Esta cirugía invasiva va tirar por la borda una red industrial que se extiende capilarmente por toda España, vertebrándola y siendo un factor de igualdad. En definitiva, parece que la solución pasa por cerrar una parte de las 38.000 oficinas bancarias, que son, probablemente, los centros de trabajo españoles en los que la combinación de tecnología y formación de los empleados los convierten en los mas productivos del país.

Sin duda que la perdida de este tejido productivo de elevadísima competitividad (los ratios de productividad de las sucursales españolas son de los las altos a nivel mundial) supondrá un desastre económico y social especialmente para las zonas mas rurales y peor comunicadas, hay antecedentes de ello por Europa, especialmente en Gran Bretaña. Todo para que de forma natural y dentro de no más de tres años se vuelva a construir lo que ahora destruimos, es decir una nueva una red bancaria más densa y diversificada para una de las clientelas más bancarizadas del mundo.

La acentuación de la concentración bancaria con creación de tres mega bancos, como parece que se dibuja en el panorama, no va a llevar al disparate de crear tres entidades tan enormes que nunca jamás las podremos dejar quebrar y que de convertirán en un chantaje permanente para la economía española.

Pero el mayor daño de esta concentración bancaria lo van a sufrir los clientes con un empeoramiento del servicio. Un ejemplo; La Caixa tiene actualmente una cuota de mercado del 60% en la provincia de Gerona. ¿Hasta qué patéticos niveles de calidad caerán los servicios bancarios en muchas comarcas españolas cuando un solo banco tenga monstruosas cuotas de mercado superiores al 50%? ¿Hasta dónde subirá el precio de los servicios bancarios, caracterizados no lo olvidemos por “contratos de adhesión”, cuando los oferentes tengan un dominio aplastante y oligopolista del mercado?

Fernando Álvarez-Barón Rodríguez (aragonex)
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